que vivía lleno de alegría,
la vida era color de rosa,
más la sonrisa desapareció
cuando vio a su madre que moría.
Cuánto llanto, pobre niño,
sus hermanos eran su miedo,
el pensar que los pequeños,
quedarían solos y él con ellos.
Más Dios oyó su ruego,
Señor mío, mi madre es mi vida,
sin ella nada es bueno,
¡no te la lleves, te lo ruego!
En la noche al pie del lecho,
la madre le dio un beso,
le dijo ¡hijo mío, te dejo!
pero sé que Dios escuchará mi ruego.
Serás un hombre hecho y derecho,
y a tus hermanos les darás techo.
perdona si hoy te dejo tal oficio,
Dios sabe que no tengo salud ni juicio.
Más al día siguiente
hora tras hora el niño somnoliento,
con los ojos cansados de llanto,
los abrió y vio, ¡sorprendente!
el rostro de su madre sonriente,
y con su color de rosa ardiente!
Hijo mío estoy contigo,
Jesús anoche me lo dijo,
"no vas a venir conmigo,
quédate con ellos te lo exijo
tus hijos estarán bajo tu cobijo,
y ustedes todos, bajo mi abrigo".
Gracias señor mil gracias,
por devolverme lo que más quiero,
a mi madre, ¡mi tesoro!
la mejor madre a quien yo adoro.
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